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Historia de RADIOPALERMO


Hubo una época en que lo único que se podía hacer con una radio, era escucharla

Históricamente han existido dos obstáculos básicos para aquellas personas que quisieran acometer la empresa de instalar un medio de comunicación, una radio en este caso.

El primero era tecnológico. Hace solo algo más de una década, la instalación de un equipo de transmisión y su sistema irradiante, tenía costos tan elevados y complicaciones técnicas de tal índole, que únicamente organizaciones muy grandes, con alta capacidad de inversión, podían embarcarse en este emprendimiento.

primer estudio
primer estudio
El segundo era legal. La "Ley de Radiodifusión" argentina, la Nº 22.285, dice que el Estado Nacional es el propietario de la totalidad de las frecuencias del espectro radiofónico y que, para su explotación, éste debe licitar entre los particulares la concesión de dichas frecuencias. Pero el Estado (más allá de quién lo administrara) no accedía a licitar frecuencias, aunque hubiera empresarios demandando la posibilidad de explotarlas.

Para que todos tengan qué escuchar


A mediados de los años ochenta, el primer obstáculo estaba superado. La tecnología había evolucionado lo suficiente como para que los transmisores fueran eficientes, pequeños, relativamente simples y tuvieran más o menos el mismo costo que el de un auto caro.

Para esa misma época el segundo obstáculo seguía existiendo pues, se sabe, los ingenieros actúan más rápido que el Estado. Por más solicitudes que hubiese, no se licitaban frecuencias y no se modificaba la ley de radiodifusión. Fue así que los nuevos radiodifusores argentinos, al igual que los de muchos otros países de todo el planeta que vivieron circunstancias parecidas, se cansaron de esperar que los gobernantes comprendieran la necesidad de la instalación de nuevos medios de comunicación, y salieron al aire de todas formas.

Por supuesto, el Estado reaccionó. Se decomisaron estaciones que no habían sido licitadas (a las que se bautizó con el famoso mote de "truchas"), se persiguió a los nuevos radiodifusores y se mantuvo la posición de no modificar la ley y no asignar nuevas frecuencias. Pero ya era tarde. Como suele suceder, la fuerza del progreso tecnológico y social puede con las leyes y, más aún, con retrógradas políticas destinadas a mantener el status quo.

Los nuevos radiodifusores ya se habían instalado. A principios de los años '90 la mayoría de las emisoras de todo el país eran nuevas, transmitían en frecuencia modulada y eran casi mil setecientas.


La emoción de comunicarse


primer estudio
primer estudio
A fines de 1988, en medio de esta situación general, comenzó a transmitir FM Palermo desde una vieja casa de la avenida Coronel Díaz 1811. Un entusiasmado grupo de personas, había tenido la descabellada idea de que a partir de un rudimentario transmisor, una antena que no podía competir con la altura de los tradicionales árboles de esa avenida y un pequeño museo de equipos de audio que asombrosamente funcionaban, podían generar una nueva forma de integrar a la comunidad barrial y dar un medio de expresión a los vecinos de Palermo.

Aunque la señal era débil, la mítica "magia de la radio" se hizo presente. Los oyentes de la nueva radio comenzaron a llamar. Decían que estaban gratamente sorprendidos. Decían que les gustaba la idea. Y lo más importante, decían que ahí estaban, escuchando. Entonces, FM Palermo había nacido. Porque una radio no es, hasta que no se encuentra con su audiencia.

Al principio, se podía escuchar música, algo de información y servicios: las farmacias de turno, la actividad deportiva y cultural local y las actividades de las agrupaciones vecinales. Los programas, aparecerían más tarde.


Distintos sonidos en distintas formas


A comienzos de 1990, la radio trasmitía solo cinco horas por día. El primer estudio estaba ubicado al final de una larga escalera de madera y sus paredes habían sido prolijamente recubiertas con hueveras de cartón, a modo de aislamiento acústico. Un diminuto baño contiguo, había sido despojado de sus lógicos artefactos, los cuales fueron reemplazados por otros más adecuados para la actividad radiofónica: un par de caseteras, una bandeja giradiscos y un mezclador de dos canales que permitía que las pioneras voces estuvieran acompañadas por alguna cortina musical.

segundo estudio
segundo estudio
Pero las limitaciones eran para la infraestructura, no para la creatividad. Ese primer estudio fue testigo de la salida al aire de sorprendentes programas. Programas que no estaban conducidos por "estrellas" de la radio o la televisión. Programas sin locutores de voces imposibles y frases circunspectas en "castellano neutro". Programas donde aparecían, con timidez o desparpajo, personas que nunca antes habían salido al aire en ningún medio de comunicación masiva utilizando un lenguaje nuevo y tratando temas antes no escuchados en la radio.

Estos programas sonaban muy distintos. Eran atrevidos, frescos y se escuchaban con cierta fascinación y una sonrisita nerviosa.

FM Palermo, y todas las radios nuevas del país, estaban modificando el aire. Inventando otra estética. Movilizando a la audiencia. Redescubriendo un medio de comunicación.


En Palermo hay comunicación


Durante 1991, el Presidente de la Nación tuvo una brillante idea para resolver el conflicto legal planteado por los nuevos radiodifusores. Dispuso, mediante un decreto, que absolutamente todas las radios nuevas cesaran sus transmisiones, hasta que el Congreso Nacional creara una nueva ley de radiodifusión.

Conociendo los complicados tiempos con los que se mueven los legisladores, este decreto significaba, ni más ni menos, el cierre definitivo de las radios. Todos entendieron rápidamente que, en realidad, se trataba de un nuevo intento de cercenar la libre expresión y que el gobierno no deseaba que existieran más medios de difusión. Mucho menos si éstos eran independientes.

Fue entonces que los radiodifusores, acompañados por la audiencia y por distintas agrupaciones, se manifestaron en contra de este decreto. Se presentaron ante la Justicia reclamando por sus legítimos derechos de libertad de expresión y libertad de empresa. El resultado fueron recursos de amparo otorgados por los Jueces de toda la Nación, que cuestionaron la constitucionalidad de una "ley" que, al haber sido promulgada por un gobierno de facto, ni siquiera era tal. Estos fallos argumentaban que esta ley atentaba contra la libertad de expresión. Por otra parte, a través de estos fallos, la Justicia protegía a las nuevas radios en su posibilidad de transmitir, hasta que el Congreso Nacional sancionara una verdadera ley que regulara la actividad. De esta forma, el famoso decreto quedó de lado.


Todo para decir, todo para escuchar

frente de la radio
frente de la radio
Mientras tanto, FM Palermo seguía creciendo y desarrollándose. Más y más oyentes se sumaban en busca de los novedosos programas, cada día mejores por la calidad de su realización y por la diversidad de sus estilos y temáticas. Muchos de ellos recibían inesperados elogios de la crítica especializada. Otros trascendían el aire de Palermo y lograban que muchas personas se acercaran al área de cobertura de la radio para poder escucharlos. Algunos generaban noticias para los diarios. La mayoría brindaba un nuevo espacio para la participación de la audiencia y todos formaban parte de un medio cada vez más importante, que ya no pasaba desapercibido.

En 1991, el histórico estudio de "las hueveras" había cumplido su ciclo. Ya resultaba demasiado pequeño e incómodo para el trabajo diario de decenas de conductores, locutores, periodistas, productores ejecutivos, asistentes e invitados. Fue entonces cuando, en otro sector de la misma casa, se construyó un nuevo estudio más amplio y confortable. Las hueveras fueron reemplazadas por paneles acústicos. Este nuevo estudio, marcó el inicio de una serie de inversiones en infraestructura y equipos que llevarían a FM Palermo a ser una de las radios de baja potencia mejor dotadas de la ciudad. Y esto ocurrió porque, inevitablemente, todos comenzaron a exigir cada día más a este pequeño y exitoso medio.


Con todo al aire


Cuando finalizaba 1993, FM Palermo inauguró su nueva sede. En una amplia casa reciclada de la calle Güemes, se instalaron prolijas oficinas totalmente equipadas, un completo estudio de grabación y un impecable piso para la puesta en el aire de los programas. El flamante estudio cuenta con un tratamiento acústico de avanzada, los mejores micrófonos y equipos de audio de última generación. El nuevo edificio fue inaugurado con todo lo que requería una radio en pleno desarrollo: líneas telefónicas rotativas, sala de producción, de preproducción y todas las comodidades para los equipos de cada programa y sus invitados. Pocos meses después, se instaló un sistema informático en red que permitió la producción totalmente digital de las piezas de sonido y la administración y puesta en el aire automática de la artística. Un equipo transmisor de primera calidad, asistido con toda la aparatología indicada para el caso y un sistema irradiante instalado a gran altura, permitieron tener una mejor recepción a los oyentes que, ahora, sintonizaban "la Palermo" desde toda la Capital Federal y gran parte del Gran Buenos Aires.

 

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